EXTENSIÓN Y DISOLUCIÓN. Poema de Rafael D'Alessio

  
 
1
 
 
No cabe en este instante más sed que la sed del humo, 
ni más saña que la perdida en aras del remordimiento. 
Si por donde existo me extiendo: son mis manos, 
son mis dedos a lo largo por el espacio, es mi extremo. 
El roce de lo desconocido y apenas alcanzable. 
Son mis manos y mi vista en lo profundo, y la voluntad.
 
Voy descubierto por un sollozo de cenizas 
que se disipa en el vino que siempre supo ser sólo vino. 
En horas en que las crías del ego cristalizan en sueños 
huyendo de los amaneceres, 
como acto reflejo a un desenlace que nació conmigo 
y busca mejor de lo que espera.
 
Con el deseo puesto más allá del extremo más lejano, 
en la proyección, en lo anterior a mí y en lo intemporal. 
El deseo que gana del aire más aire, que madura y cae. 
Cae el patíbulo y gotea el ojo, y mi vista, y mi ánimo, 
y mi voz trivial en la comprensión de que nada es trivial, 
y los huesos que arden con la luz, y la luz, y mi voz.
 
 
 
Poema de Rafael D'Alessio
 
 
EXTENSIÓN Y DISOLUCIÓN


Estos versos habitan la frontera donde el cuerpo deja de ser carne para convertirse en proyección. No hay aquí un límite, sino una extensión: el yo poético se derrama a través de las manos hacia un espacio que no termina de asimilar, rozando lo desconocido con la punta de una voluntad que respira.
 
Es una transición desde lo denso —el sollozo de cenizas, el ego que cristaliza— hacia una combustión final. El deseo no es una falta, sino una fuerza que "gana del aire más aire". Al final, nos deja ante una paradoja luminosa: la voz que se reconoce trivial es, precisamente en esa entrega, la que termina ardiendo junto a los huesos en la luz.

Sin título original, este poema de Rafael D’Alessio es el que comienza (1) su poemario "En la réplica del relámpago" (AR editor, 2021). Funciona como ese primer destello: el instante en que el cuerpo se abre para dejar pasar el resplandor.


 


Compartir esta entrada: